Suicidio y prevención: por qué necesitamos estar preparados antes, durante y después de una crisis
La preparación profesional y las condiciones institucionales son fundamentales para responder ante la conducta suicida y acompañar a quienes quedan después de una pérdida.
Por Lic. Priscila Reyes – Psicóloga
Hablar de suicidio no debería comenzar solamente cuando ocurre una tragedia. La prevención empieza mucho antes: con formación, información, profesionales preparados y comunidades capaces de reconocer el sufrimiento y saber dónde buscar ayuda.
Las cifras muestran por qué esta tarea no puede esperar. UNICEF Bolivia informó que, según datos de la Organización Mundial de la Salud correspondientes a 2019, Bolivia tenía la tercera tasa más alta del mundo de suicidios entre niñas y niños de 5 a 14 años. En adolescentes de 15 a 19 años, el suicidio constituía la cuarta causa de mortalidad.
Estos datos no son solamente estadísticas. Detrás de cada número hay un niño, una niña, un adolescente, una familia y una comunidad que necesitan respuestas oportunas.
La formación comenzó antes de la emergencia
En 2021, desde mi trabajo profesional y en mi calidad de coordinadora de la Fundación Cristo para la Ciudad, impulsamos en Yacuiba un proceso de formación especializada en conducta suicida, desarrollado con docentes de la Universidad Católica Luis Amigó de Colombia, en coordinación con instituciones del ámbito gubernamental departamental y regional.
El proceso comprendió siete módulos de formación y convocó a participantes de Yacuiba y también de Tarija.
La formación permitió profundizar en la comprensión de la conducta suicida, las señales de alerta, las formas de intervención y la importancia de acompañar no solamente a quien atraviesa una crisis, sino también a las personas afectadas cuando ocurre una muerte por suicidio.
La formación se pone a prueba cuando llega el momento de actuar
Desde entonces hasta la actualidad he estado vinculada profesionalmente a cuatro situaciones de suicidio. Cada una dejó aprendizajes importantes, pero también mostró una realidad que muchas veces no se ve desde fuera: conocer una ruta de atención no significa necesariamente tener las condiciones para aplicarla completamente.
En diferentes momentos, las dificultades de coordinación, recursos, tiempo o logística hicieron que no fuera posible desplegar de manera integral todas las acciones que una situación de estas características requiere.
Esto no significa que no se haya intervenido. Significa que una respuesta profesional necesita condiciones para desarrollarse en toda su dimensión.
Por eso, la experiencia reciente en la Unidad Educativa 19 de Marzo, de la comunidad de La Grampa, municipio de Yacuiba, resulta especialmente significativa.
Tras conocerse el suicidio de un estudiante, fue posible activar desde los primeros momentos una respuesta de acompañamiento dirigida a la familia, compañeros de curso y personas cercanas al adolescente, mediante espacios de escucha, primeros auxilios psicológicos y orientación.

El trabajo continúa y contempla también el acercamiento a los docentes y el seguimiento de quienes puedan requerir mayor apoyo.
Acompañar a quienes quedan también es prevenir
Después de un suicidio debemos mirar también a quienes quedan afectados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la importancia de atender a los sobrevivientes de una pérdida por suicidio: familiares, pareja, amigos, compañeros de estudio, de trabajo y otras personas significativas.
No todas estas personas tendrán una crisis ni desarrollarán una conducta suicida. Pero algunas pueden quedar emocionalmente más vulnerables.
Por eso, acompañarlas no significa esperar a que aparezca un nuevo problema. Significa fortalecer una red de protección.
Una persona que hoy es escuchada y acompañada puede recordar, cuando atraviese una futura situación difícil, algo fundamental:
“No estoy sola. Ya hubo personas que estuvieron conmigo. Puedo volver a pedir ayuda.”
Por eso, la postvención —la atención después de un suicidio— también forma parte de la prevención.
Cuando la ruta puede hacerse realidad
Una ruta de atención no puede depender únicamente de la voluntad individual de un profesional. Necesita capacitación, coordinación, tiempo, logística y una institución que comprenda que estas situaciones requieren respuestas oportunas.
En esta oportunidad, la sensibilidad y voluntad del alcalde del Gobierno Autónomo Municipal de Yacuiba, junto con el acompañamiento de la Secretaría de Desarrollo Humano, permitieron generar las condiciones necesarias para activar oportunamente esta respuesta profesional.
Esto demuestra que la prevención también necesita inversión: en formación, profesionales, coordinación y capacidad de respuesta.
Una capacitación puede terminar cuando se entrega un certificado. Pero su verdadero valor aparece cuando, años después, ese conocimiento puede convertirse en una herramienta para responder ante una situación real.
Prepararnos antes también es cuidar la vida
Después de más de 20 años de ejercicio profesional en nuestra región, y desde mi experiencia como psicóloga clínica y forense, psicóloga de prevención de la violencia contra mujeres, niñas y adolescentes y parte del equipo del Programa No a las Drogas, de Defensa Social e Igualdad de Oportunidades, considero necesario seguir fortaleciendo esta capacidad de respuesta.
No se trata de esperar otra tragedia para volver a actuar.
Se trata de prepararnos antes, responder oportunamente cuando ocurra una crisis y continuar acompañando después.
Porque no basta con conocer la ruta. También necesitamos las condiciones para poder recorrerla.
Pero, sobre todo, necesitamos que una persona que hoy está sufriendo sepa algo: pedir ayuda es posible. Hay personas preparadas para escucharla y acompañarla. No tiene que atravesar ese momento sola.
Lic. Priscila Reyes
Psicóloga clínica y forense
Psicóloga de prevención de la violencia contra mujeres, niñas y adolescentes
Equipo del Programa No a las Drogas – Defensa Social e Igualdad de Oportunidades
Contacto profesional:
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