En un cementerio militar en Kiev, un hermano y una hermana caminan entre las cruces, llevando un ramo de claveles. Cada cruz en esa sección lleva las mismas palabras: “defensor desconocido de Ucrania”, con un número de identificación debajo y una nota que indica que el proceso de identificación sigue en curso.
Una tumba destaca: debajo de la inscripción, se colocó posteriormente una foto que muestra a Ihor Yalynych, un soldado visto por última vez con vida en la región de Járkov en 2022. Tras cuatro años de búsqueda, Stanislav y Oleksandra Yalynych lograron encontrar a su padre, identificado por pruebas de ADN.
La identificación de los muertos representa una tarea que se prolongará durante años, una de las heridas más duraderas de la guerra de Rusia en Ucrania. Algunas tumbas podrían permanecer sin nombre para siempre, mientras las familias esperan una respuesta.
Durante la mayor parte de la guerra, no existía un lugar donde enterrar a los muertos no identificados. Los cuerpos permanecían en cámaras frigoríficas mientras el cementerio militar nacional seguía en construcción. Incluso antes de que el cementerio estuviera terminado en enero, el primer grupo de soldados desconocidos fue sepultado en agosto. Ahora yacen más de 300 bajo cruces numeradas, y se siguen cavando más tumbas.
“Siempre fui la hija de papá y me costó mucho aceptar la pérdida”, dijo Oleksandra Yalynych, de 21 años. “Durante estos cuatro años, lo único que quería era venir, sentarme con él, hablarle. Ahora me alegra que lo hayamos encontrado. Ahora tengo un lugar al que ir”.
La historia de un soldado desconocido
Ihor Yalynych murió en abril de 2022 en el este de Ucrania. Prestaba servicio militar desde 2015, el año después de que comenzara el conflicto armado en el este del país y Rusia anexara ilegalmente Crimea.
Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala en 2022, formaba parte de una brigada en el este de Ucrania. Regresó sano y salvo de su primera misión y envió fotos a su hijo, pero no volvió de la segunda.
Tras semanas sin noticias, Stanislav publicó en redes sociales que su padre estaba desaparecido. Un conocido vio una foto en un canal ruso de Telegram: nueve soldados con uniforme ucraniano, muertos y alineados, y reconoció a Ihor Yalynych entre ellos. Al ver la imagen, Stanislav supo que su padre estaba allí.
La Policía Nacional de Ucrania en la región de Járkov confirmó a AP que hay una investigación en curso sobre la muerte de un grupo de militares ucranianos cuyos cuerpos se hallaron en la zona en abril de 2022, así como sobre su identificación.
El cuerpo de Ihor permaneció en la parte ocupada de la región, pero solo fue recuperado cuando el área fue liberada en septiembre de 2022. La familia tuvo que superar varias instancias burocráticas, incluyendo la prueba de ADN, antes de poder reclamar sus restos, un proceso que duró cuatro años.
“Podría haber sido más rápido si la policía no hubiera perdido el expediente”, señaló Stanislav. Según él, el caso fue enviado a la policía de la región de Mykolaiv, de donde era originario su padre, y permaneció sin trámite durante más de dos años.
En respuesta a una consulta escrita de AP, la policía de Mykolaiv no abordó la versión de la familia sobre la pérdida del expediente o la demora, y declaró únicamente que no se habían iniciado procedimientos penales relacionados con la identificación de Ihor.
Debido a la ausencia del expediente, Stanislav pudo entregar una muestra de ADN para comparación hace apenas seis meses. La coincidencia se confirmó dos meses después. La familia podría ahora trasladar los restos a otra parte, pero decidió dejarlos en la sección de “defensor desconocido”, con una placa actualizada.
El Estado representa a la familia hasta que se identifica el cuerpo
En un funeral militar ucraniano, la bandera que cubre el ataúd se pliega y entrega a la familia. Si no hay nadie para recibir la bandera de un soldado desconocido, el Estado la acepta y la resguarda hasta que se logre la identificación, explicó la ministra de Asuntos de Veteranos, Natalia Kalmykova.
“Rendir honor a quien da la vida por su país es, sobre todo, una necesidad para quienes quedan”, dijo. “Así entendemos el precio que se está pagando por la independencia, en nuestro caso, de nuestro país, por nuestro derecho a elegir nuestro propio camino y la democracia en este país”.
De los primeros sepultados como desconocidos, tres ya fueron identificados, agregó.
Una parte de los que permanecen sin nombre se remonta al inicio de la invasión, señaló Kalmykova. Los soldados que se incorporaron en los primeros años no tenían obligación de entregar muestras de ADN, así que no existía una base de datos. Solo más tarde se creó una. Actualmente, cerca de la mitad de los militares ucranianos ya entregaron muestras, según un alto funcionario militar que pidió no ser identificado.
Cuando no hay muestra en la base de datos, la identificación requiere que un familiar cercano se presente, y muchos no pueden hacerlo porque están en territorio ocupado, en el extranjero, están distanciados, no lo saben o ya no están.
Desde la invasión a gran escala, se han registrado más de 40.000 muestras de cuerpos no identificados, indicó Ruslan Abbasov, subdirector del Centro Estatal de Investigación Forense del Ministerio del Interior. La mayoría ya ha sido emparejada con alguna de las 170.000 muestras tomadas a familiares.
A menudo, señaló Abbasov, la identificación va más allá del laboratorio, con investigadores que buscan otras formas de obtener el ADN de una persona, como revisar apartamentos o pertenencias que dejó.
Cuando se entierra un cuerpo no identificado, se coloca un número dentro del ataúd, se escribe por fuera y se graba en la cruz de la tumba. Un registro asocia cada número con un cuerpo, de manera que, si hay coincidencia con el ADN, la tumba puede localizarse.
Nombrar a los muertos
Los cuerpos llegan directamente del campo de batalla y también por repatriación desde Rusia. Desde el inicio de la invasión, Ucrania ha repatriado 25.306 cuerpos, según la Sede de Coordinación para el Tratamiento de Prisioneros de Guerra.
A veces los bolsillos contienen pasaportes, identificaciones militares o licencias de conducir. Pero siempre se requiere una prueba de ADN, ya que no se puede asegurar que los documentos pertenezcan al cuerpo con el que se encuentran.
Maksym Paziura, médico forense, contó que en algunos casos los restos de varias personas se mezclan en una sola bolsa, lo que dificulta incluso extraer una muestra de ADN. La mayoría de los cuerpos se encuentran en avanzado estado de descomposición.
Su dependencia en la región de Kiev procesa entre 15 y 20 cuerpos al día, conservándolos en refrigeración hasta que puedan ser identificados o enterrados. La carga de trabajo se multiplicó por cinco respecto al tiempo de paz, explicó.
“Aun si la guerra termina, seguiremos teniendo mucho trabajo”, afirmó Paziura. “La identificación es un proceso difícil y largo, y no terminará cuando cese el combate”.
Para las familias, la identificación no es solo cuestión de cierre. Hasta que no se confirma la muerte, los parientes no pueden tramitar herencias, volver a casarse o reclamar la compensación que corresponde a las familias de los caídos.
Abbasov recordó el caso de los Balcanes Occidentales, donde siguen identificando cuerpos mucho tiempo después de finalizadas las guerras. Ucrania, dijo, no será la excepción.
Cuando Stanislav Yalynych vio la foto de su padre en la tumba, sintió alivio.
“Ahora no solo nosotros sabremos que nuestro padre está allí”, expresó. Desde que apareció la foto, desconocidos se han detenido a preguntar por él. Para Stanislav, significa que el sacrificio de su padre no fue en vano y que su memoria perdurará.
(AP)














